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La historia del Festival

Hoy en día, el Festival de Cannes es la cita cinematográfica más prestigiosa y el evento cultural más mediático del mundo. Si se ha convertido en un encuentro imprescindible para los países productores de películas, es gracias a su historia, sus selecciones y sus galardones, que se suelen contabilizar a partir de 1946, fecha de su primera edición efectiva. Sin embargo, hay que remontarse ocho años atrás para hallar el origen de su creación.

Rivalizar con la Mostra para contrarrestar la amenaza fascista

En julio de 1938, la Mostra de Venecia, la primera competición internacional dedicada al séptimo arte, reunió por sexta vez a los grandes países productores de cine de antes de la Segunda Guerra Mundial. Francia estuvo representada por una selección de películas y, en el jurado, por el diplomático Philippe Erlanger y el periodista René Jeanne.
El día de la clausura, este jurado se reunió para decidir el palmarés. Por unanimidad, decidieron premiar una película estadounidense pero, bajo la presión de Hitler, fueron finalmente el documental de propaganda nazi Olimpiada, de Leni Riefenstahl, y la película italiana De una misma sangre (Luciano Serra, pilota), de Goffredo Alessandrini, las que recibieron la más alta distinción, denominada «Copa Mussolini». La decisión provocó la indignación de los representantes de los países democráticos, y Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña abandonaron la Mostra decididos a no volver jamás.
En el tren que le condujo de regreso a Francia, Philippe Erlanger, todavía conmocionado por los eventos, pensó en organizar un certamen que sustituyera a la Mostra para dar al mundo un festival libre, sin presiones ni ataduras. Nada más volver, se puso en contacto con las autoridades pertinentes. El tiempo apremiaba para organizar un festival francés capaz de competir con la siguiente edición del certamen veneciano.

Desde septiembre de 1938 hasta mayo de 1939, la iniciativa se convirtió en un auténtico asunto de Estado. Georges Bonnet, ministro de asuntos extranjeros y responsable de los certámenes de carácter internacional, temía que la iniciativa pudiera entorpecer las relaciones entre Francia e Italia, pero Jean Zay, entonces ministro de la educación nacional, y Albert Sarraut, ministro del interior, apoyaron la idea de que Europa debía tener un festival de cine donde el arte no estuviera sometido a la influencia de las maniobras políticas. En junio de 1939, los medios de comunicación anunciaron oficialmente la creación de un Festival de cine en Francia, apoyado por diversos países productores de películas, con Estados Unidos a la cabeza, y cuya inauguración estaba prevista para el 1 de septiembre, al mismo tiempo que la Mostra. Así que solo quedaban unos meses para preparar el certamen.

Nota destinada al Consejo de Administración de la Asociación francesa de acción artística © FDC

Cannes, entre Venecia y Hollywood

Francia quería dar a su Festival un marco tan prestigioso como Venecia. A partir de una lista de una decena de ciudades francesas, Biarritz fue elegida inicialmente como sede el 9 de mayo de 1939. Pero los partidarios de Cannes, aglutinados en torno a Georges Prade, concejal del ayuntamiento de París, y directores de los palacios de Cannes, todavía no habían dicho su última palabra. A base de movilizaciones, acaban por conquistar la implantación del certamen. Es así como, el 31 de mayo de 1939, la ciudad de Cannes y el gobierno firman el nacimiento oficial del Festival Internacional de Cine, solo tres meses antes de la fecha prevista para la inauguración del certamen. La «perla de la Costa Azul», situada en un litoral que se compara a menudo con California, se dispone a soñar con Hollywood.

Correspondencia de Georges Prade © FDC

1939, el Festival no se puede celebrar

El primer Festival de 1939 debía celebrarse inicialmente del 1 al 20 de septiembre de 1939 en la sala del Casino municipal bajo la presidencia de honor de Louis Lumière, padre del cinematógrafo. Para llevar a buen término esta primera edición, se creó un comité organizador, a la cabeza del cual se nombró a Georges Huisman, presidente de la secretaría de Estado para bellas artes.

Se enfatizó el espíritu universal del certamen: cada país eligió las películas que presentaría en Competición, en el jurado estarían representados todos los participantes y todas las naciones presentes deberían recibir un Grand Prix en un marco de objetividad artística y de imparcialidad absoluta. Para evitar crear tensiones adicionales, Francia invitó a todos los países productores de películas, Alemania e Italia incluidos. Pero en el contexto de crisis política del verano de 1939, los dos países fascistas declinaron la invitación y solo nueve países estuvieron en condiciones de participar en la primera edición del Festival. Entre ellos, los países más potentes de la industria cinematográfica.
En agosto, a pesar de las tensiones internacionales, todo estaba listo para la inauguración. Jean-Gabriel Domergue, pintor originario de Cannes, firmó el primer cartel oficial en forma de «invitación al viaje», se enviaron dos mil invitaciones, un transatlántico alquilado por la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) echó el ancla en la bahía de Cannes con estrellas estadounidenses a bordo como Tyrone Power, Gary Cooper, Douglas Fairbanks, George Raft, Paul Muni, Norma Shearer o incluso Mae West... Los primeros y prestigiosos asistentes al Festival gozaron de un ambiente de lujo, festivo y soleado.

Sin embargo,  el festival de 1939 no se pudo celebrar. El 23 de agosto, el mundo descubrió con estupefacción la noticia del pacto entre Alemania y Unión Soviética. La mayoría de los turistas abandonaron Cannes. A pesar de la gravedad de la situación, el comité del festival organizó a título privado la única proyección que se realizó durante aquella edición, la de la primera película estadounidense en Competición, Esmeralda, la zíngara (The Hunchback of Notre-Dame), de William Dieterle.

El 1 de septiembre, fecha prevista para la inauguración del Festival, las tropas alemanas invadieron Polonia. La inauguración se aplazó diez días pero los eventos se precipitaron. El 3 de septiembre, se declaró la guerra y se lanzó la movilización general: el festival no pudo comenzar. Su selección contaba con películas tan prestigiosas como El mago de Oz (The Wizard of Oz), de Victor Fleming, Sólo los ángeles tienen alas (Only Angels Have Wings), de Howard Hawks, Unión Pacífico (Union Pacific), de Cecil B. DeMille, por Estados Unidos o incluso Lenin v 1918 godu, de Mikhaïl Romm, por la Unión Soviética, Las cuatro plumas (The Four Feathers), de Zoltan Korda, por Gran Bretaña y La ley del norte (La Loi du Nord), de Jacques Feyder, L'Enfer des anges, de Christian-Jaque, y La Charrette fantôme, de Julien Duvivier, por Francia.

Su palmarés no fue entregado hasta 2002 con motivo de un homenaje a esta selección olvidada. Con 63 años de retraso, la Palme d’or de 1939 fue concedida por unanimidad a Unión Pacífico (Union Pacific), de Cecil B. DeMille, por un jurado presidido por Jean D'Ormesson.

Cartel oficial del Festival Internacional del Cine de 1939 © Jean-Gabriel Domergue / ADAGP

1946: una primera edición inmediatamente tras la guerra

A comienzos de 1940, a pesar de la declaración de guerra y de la movilización, los responsables de Cannes, encabezados por Philippe Erlanger, intentaron mantener vivo el proyecto del Festival. Diplomáticamente, Francia tuvo que obtener el consentimiento y la participación de Italia, cuya posición en el conflicto todavía no era oficial. Contra todo pronóstico, Mussolini aceptó, con la condición de que la Competición francesa no se celebrara al mismo tiempo que la Mostra.
Sin embargo, el 10 de junio, el Duce declaró la guerra a Francia y a Gran Bretaña, aplazando hasta nueva orden un certamen cuya organización ya estaba resultando muy complicada a causa de los problemas logísticos provocados por la guerra: insuficiencia de crédito, desorganización de los suministros, averías de los equipos cinematográficos, condiciones de transporte que dificultaban la presencia de personalidades francesas y extranjeras, sin contar con que el ejército confiscó el Casino municipal...
Hubo que esperar hasta 1946, una vez concluida la guerra y en una Francia exhausta, para que el proyecto del Festival internacional de cine, iniciado nueve años atrás por Philippe Erlanger, se concretara finalmente en una primera edición que se inauguró el 20 de septiembre de aquel año.

«Fue la primera fiesta que el mundo celebró tras la guerra y lo hizo en una especie de embriaguez, bajo un sol que no dejó de brillar hasta mediados de octubre», Philippe Erlanger

Los festejos, inaugurados en los jardines del Grand Hôtel por la cantante estadounidense Grace Moore continuaron a lo largo de la Competición a través de numerosos espectáculos que sumergieron las primeras ediciones del Festival en un ambiente mundano y festivo: fuegos artificiales, procesiones con antorchas, cortejos, liberación de palomas, batallas de flores en la Croisette, exhibiciones aéreas, desfiles de moda, elección de la primera miss Festival, etc.
La Competición, organizada según los principios establecidos en 1939, contó con 19 países y un jurado internacional presidido por Georges Huisman. Aunque las proyecciones organizadas en el Casino municipal fueron interrumpidas por algunos incidentes técnicos provocados por las premuras de tiempo en la preparación, todos los países presentes abandonaron Cannes con un Grand Prix y esta primera edición se cerró con un sentimiento unánime de éxito, tanto desde el punto de vista de la prensa como del de las delegaciones extranjeras.

El Festival de Cannes acababa de nacer y comenzaba a escribir su historia con los nombres más importantes del cine de la época, entre los cuales se encuentran Roberto Rossellini, Walt Disney, Billy Wilder, George Cukor, David Lean, Jean Renoir…​

Fuegos artificiales durante el primer Festival de Cannes © STAFF / AFP

Años 50: lentejuelas, censura y guerra fría

«El objetivo del Festival es fomentar el desarrollo del arte cinematográfico en todas sus formas, y crear y mantener un espíritu de colaboración entre todos los países productores de películas» (extracto del reglamento, 1948).

Si las primeras ediciones del Festival lo convirtieron inicialmente en un evento mundano durante el cual casi todas las películas partían con un premio, la llegada de estrellas de todo el mundo a sus escaleras y su mediatización creciente le permitieron forjarse rápidamente una fama internacional y legendaria. En los años 50, el Festival aumentó su popularidad gracias a la presencia de celebridades como Kirk Douglas, Sophia Loren, Grace Kelly, Brigitte Bardot, Cary Grant, Romy Schneider, Alain Delon, Simone Signoret, Gina Lollobrigida o incluso Pablo Picasso, recibidas en el nuevo «Palais Croisette»*, inaugurado para la edición de 1949. 

Sin embargo, esta fue ante todo una década en la que el Festival tuvo que lidiar con la guerra fría, ya que, más allá de las lentejuelas y de los primeros escándalos*, los bloques del este y del oeste se enfrentaron en Cannes a través de sus respectivas películas. Para evitar cualquier incidente diplomático en cuanto a la selección de las películas, los organizadores añadieron al reglamento del certamen un artículo autorizando la retirada de una película en determinadas circunstancias. El comité recurrió a esta posibilidad once veces en el transcurso de los años 50, estableciendo su récord en 1956, con seis casos de censura. Tras esta edición, los organizadores decidieron suprimir este artículo del reglamento, abriendo con este gesto una nueva era para el Festival, donde la preocupación por la calidad cinematográfica prevalece sobre las preocupaciones diplomáticas.

Además del clima tenso que complicaba la cohabitación de las obras, el Festival tuvo que afrontar, en el transcurso de los años 50, la emergencia de un gran número de festivales en Francia y en el extranjero que le obligaron a adaptarse e innovar constantemente para garantizar su supremacía. Es en este contexto de rivalidad en que se anularon dos ediciones por falta de presupuesto, en 1948 y 1950. Además, a partir de 1952, las fechas del certamen se retrasaron hasta la primavera, en mayo.
De 1947 a 1954, el jurado estuvo formado exclusivamente por personalidades francesas y todas las selecciones de la Competición internacional se disputaron un único Grand Prix y premios secundarios concedidos en función de las cualidades de las películas: premio al entretenimiento, al documental de ficción, a la película mejor contada con imágenes, al humor poético, al cine legendario o incluso a la película de aventuras... Se premiaba sobre todo la innovación técnica con la llegada de películas en color y el formato Cinémascope, pero la fantasía de los premios suscitó numerosas críticas. Para apaciguar la situación, los responsables de Cannes recuperaron un palmarés más clásico a partir de 1954 y, en 1955, fue un jurado formado por personalidades extranjeras pertenecientes a las profesiones del cine* quien entregó la primera Palme d'or (enlace hacia la historia de la Palme) de la historia del Festival a la película Marty, de Delbert Mann.​

Palais des Festivals (Palais Croisette) © Archives / AFP

Años 60: los años Malraux

Selecciones audaces

En 1959, tras la instauración de la Quinta República en Francia, André Malraux, entonces ministro de asuntos culturales, lideró la organización del Festival y la validación de la selección de las películas francesas. Sensible a la evolución del cine, abrió la competición a una nueva generación de realizadores, como François Truffaut, galardonado por Los 400 golpes en 1959, e impuso la selección de obras audaces y comprometidas como Hiroshima mon amour (1959) y La guerra ha terminado (1966), de Alain Resnais, Le Joli mai, de Chris Marker, y, sobre todo, La religiosa, de Jacques Rivette (1966). Esta última proyección sigue siendo uno de los mayores escándalos de la época, junto con el suscitado por La Dolce Vita, de Federico Fellini, y La aventura, de Michelangelo Antonioni, en 1960 o, incluso, Viridiana, de Luis Buñuel, en 1961.
En el mismo periodo, Robert Favre Le Bret (delegado general del Festival) comenzó a recorrer el mundo para enriquecer la selección. Una estrategia fructífera que perdura a día de hoy y permitió al Festival invitar a Bette Davis, Joan Crawford, John Wayne, Kirk Douglas o Sean Connery a la Croisette, y presumir del descubrimiento de películas como Los pájaros (The Birds), de Alfred Hitchcock (1963), El ingenuo salvaje (This Sporting Life), de Lindsay Anderson, El gatopardo (Il Gattopardo), de Luchino Visconti, o incluso Ocho y medio (8 ½), de Federico Fellini...

Entre arte e industria

Así pues, las películas y las estrellas contribuyeron a dirigir todos los proyectores hacia el Festival pero, para André Malraux, el cine también era un tema comercial. En 1959, oficializó el Marché du film, que se celebraba clandestinamente desde 1946 en los cines de la calle Antibes. Al instalar a los profesionales de la industria cinematográfica en el interior del Palais para ayudarles a tejer colaboraciones, el Festival afirmó plenamente su rol en el desarrollo de la industria del cine. 

Mayo de 1968: la calle toma la pantalla

A finales de los años 60, el profundo malestar social que se había adueñado de Francia se endureció la noche del 10 al 11 de mayo de 1968. A pesar de todo, el 11 de mayo, el Festival de Cannes inauguró su 21ª edición con la proyección de la copia restaurada de Lo que el viento se llevó (Gone with the Wind, 1939), de Victor Fleming. El certamen se transformó rápidamente en un centro de encuentros y protestas. Los miembros del jurado dimitieron, los directores retiraron sus películas y, el 19 de mayo de 1969 a mediodía, el Festival quedó interrumpido después de que Louis Malle, François Truffaut, Jean-Luc Godard, Claude Berri, Milos Forman, Roman Polanski y Claude Lelouch impidieran la proyección de Peppermint frappé de Carlos Saura, aferrándose al telón rojo del escenario para mantenerlo cerrado.

Nota: Además de la Selección oficial, otras dos selecciones independientes vieron la luz en los años 60, la Semana Internacional de la Crítica en 1962 y la Quincena de Realizadores en 1969.

A causa de los acontecimientos, el Festival retrasa las proyecciones de Peppermint Frappé y de Trilogy © FDC

Años 70: rumbo hacia una nueva identidad

Tras las protestas acaecidas en 1968, los organizadores del Festival comprendieron la importancia de modernizarse siguiendo las ideas en boga, comenzando por la libertad creativa en el cine. Las películas seleccionadas en 1969, profundamente impregnadas de temáticas revolucionarias, transmitieron este sentimiento contestatario, así como el palmarés, que premió ese año a If, de Lindsay Anderson, Easy Rider, de Dennis Hopper, o incluso Z, de Costa-Gavras.

En 1972, es el propio Festival el que afirmó su independencia al convertirse en el único responsable de decidir la Selección oficial. Hasta entonces, las películas que aspiraban a la Selección eran designadas por sus países de origen. Ese mismo año, Robert Favre Le Bret se convirtió en presidente del Festival de Cannes y Maurice Bessy le sucedió en el puesto de delegado general. A su llegada al cargo, decidió diversificar la Selección para acoger otras categorías de películas. A raíz de esta iniciativa nacieron en 1973 «Perspectivas del cine francés» y la sección «Los ojos fértiles», que fomentaban películas en otras formas artísticas. En 1976, nacieron dos nuevas secciones paralelas, «El aire de los tiempos», que presentaba películas de actualidad, y «Pasado compuesto», dedicada a las películas de montaje.

► El Festival de Cannes, una asociación sin ánimo de lucro fundada en virtud de la ley francesa de 1901 y administrada por un Consejo de Administración, fue reconocida como de utilidad pública en 1972.

En cuanto a la escena, mientras se celebraban los 75 años del cine francés, se rindieron sendos homenajes a Charlie Chaplin y Groucho Marx, reconocidos con la legión de honor en 1971 y 1972, respectivamente. Los productores de Woodstock jugaban a los hippies en medio de esmóquines, Francis Ford Coppola triunfó con un Grand Prix por La conversación (The Conversation) en 1974 y una Palme d’or por Apocalypse Now en 1979, mientras descubrimos los rostros de Gérard Depardieu y Robert De Niro junto a los de actores consagrados como Paul Newman, Robert Redford y Dustin Hoffman...

En 1978, Gilles Jacob fue nombrado delegado general. Tomó medidas que marcarían la identidad del Festival a largo plazo: presencia de estrellas en el jurado, reducción de la duración del certamen y del número de películas fuera de competición, agrupación de las secciones paralelas en la selección Un Certain Regard, creación del premio de la Caméra d'or, que premia a la mejor obra novel de todas las selecciones, y aparición de películas sorpresa y proyecciones a medianoche.

Easy Rider, Dennis Hopper © RR

Años 80: la edad moderna 

Bajo la dirección del tándem formado por Gilles Jacob y Pierre Viot, nombrado presidente en 1984, el Festival mostró una voluntad decidida de hacer emerger nuevos talentos y defender la libertad de expresión, con el objetivo de que las cinematografías de todo el mundo pudieran encontrar un terreno de expresión en Cannes.
Es así como Filipinas, China, Cuba, Australia, India, Nueva Zelanda y Argentina, entre otras, hicieron su entrada en las selecciones y como, cada año, el concurso concedió a los cineastas la oportunidad de acceder a un reconocimiento internacional junto a otros valores ya reconocidos. En estos años, asistimos a la irrupción de Alain Corneau, André Téchiné, Stephen Frears, Leos Carax, Lars Von Trier, Spike Lee, Jim Jarmusch y Emir Kusturica.
Junto a ellos, nombres ya ilustres como: Sergio Leone, Theo Angelopoulos, Bertrand Tavernier, Peter Greenaway, Ettore Scola, los hermanos Taviani, Nikita Mikhalkov, Woody Allen, Jean-Luc Godard, Bernardo Bertolucci, Milos Forman, Francesco Rosi, John Huston, Andrzej Wajda, James Ivory, Andreï Tarkovski, Ken Loach, Andrzej Zulawski, Andrzej Wajda o incluso Akira Kurosawa, consagrado con Kagemusha, la sombra del guerrero, y Wim Wenders y su Paris, Texas, la Palme más aplaudida de la década.

En 1987, el 40º aniversario del Festival, presidido por Yves Montand, rindió homenaje al maestro Federico Fellini. La ceremonia de clausura sigue siendo recordada a día hoy. En el momento de recibir su controvertida Palme d'or sobre el escenario por Bajo el sol de Satán, Maurice Pialat, con el puño en alto, respondió a los silbidos del público con una frase que acabaría haciéndose famosa: «¡Vosotros no me queréis! ¡Puedo deciros que yo tampoco os quiero a vosotros!».
Dos años más tarde, en 1989, el primer encuentro «Cine y libertad» reunió en Cannes a un centenar de directores en torno a un gran debate para celebrar la caída del muro de Berlín y el aniversario de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Los autores realizaron una reflexión sobre la libertad de expresión. Entre otros, Théo Angelopoulos, Bernardo Bertolucci, Yves Boisset, Youssef Chahine, Jerry Schatzberg, Wim Wenders, Emir Kusturica o Ettore Scola firmaron una declaración para protestar contra todas las censuras que existían todavía en el mundo.

Un nuevo palacio para una nueva era

Simbólicamente, la era moderna del Festival también está marcada por un cambio de escenario.
Desde finales de los años 70, ante el éxito creciente del certamen, los responsables comprendieron que, tarde o temprano, haría falta un nuevo palacio. Al final de la edición de 1982, el triunfo de E.T., el extraterrestre, de Steven Spielberg, marca la última proyección del Palais Croisette, que sería demolido en 1988.

El nuevo edificio, diseñado por Druet y Bennett, se completó en 1983 y adoptó el nombre de Palais des Festivals et des Congrès, o «búnker» para los iniciados. La primera proyección que acogió, a modo de ensayo, fue la de El rey de la comedia (The King of Comedy), de Martin Scorsese.
Sus nuevas instalaciones, el Grand Théâtre Lumière (2400 butacas) y el auditorio Claude Debussy (1000 asientos), contribuyeron al auge del Festival pero también al éxito continuado del Marché du film, que superó el umbral de los 2000 expositores y las 600 proyecciones diarias al final de la década y se convirtió en el mercado de películas más importante del mundo. A partir de esta época, la ascensión de las famosas veinticuatro escaleras rojas se convirtió en un auténtico ritual en Cannes, mediatizado en todo el mundo.

Maurice Pialat, Palme d'or - Bajo el sol de Satán - Carole Bouquet © Christophe Simon / AFP

Años 90: el mundo en pantalla

En los años 90, el Festival continuó su expansión mediática y su alcance benefició a la promoción de nuevas cinematografías.
Los palmarés premiaron a realizadores procedentes del continente africano, de Asia, de Latinoamérica o incluso de los países de Europa del Este, estimulados por la apertura de la antigua Unión Soviética, como demuestran Pavel Lounguine o Vitali Kanevski. El éxito más arrollador durante esta década correspondió a los directores asiáticos: Chen Kaige se llevó la Palme con Adiós a mi concubina (Bawang Bieji), ¡Vivir! (Huo zhe) y La joya de Shangai (Yao a yao yao) de Zhang Yimou entraron en el palmarés, El maestro de marionetas (Hsimeng Rensheng) de Hou Hsiao-hsien se alzó con el premio del jurado y la selección de Happy Together (Cheun gwong tsa sit) abrió el reconocimiento a Wong Kar-wai. El director camboyano Rithy Panh también recibió una mención especial por La gente del arrozal (Neak sre).

En occidente, el boicot del Festival por parte de los grandes estudios estadounidenses como represalia por los acuerdos de GATT (cuota de imágenes que desean imponer Europa y Francia en nombre de la excepción cultural), otorgó la oportunidad al cine independiente estadounidense de implantarse en la Croisette: en 1991, Joel y Ethan Coen se llevaron la Palme d'or con Barton Fink y, tres años más tarde, fue Pulp Fiction, de Quentin Tarantino, la que se alzó con la máxima distinción del palmarés.
Más allá de las fronteras, las selecciones del festival continuaron dando voz a su época, con obras comprometidas que alimentaron los debates en la Croisette cuando la cámara es testigo de la historia y de la actualidad, por ejemplo con Tierra y libertad (Land and Freedom), de Ken Loach, El odio (La Haine), de Mathieu Kassovitz, Underground, de Emir Kusturica , La mirada de Ulises (To vlemma tou Odyssea), de Theo Angelopoulos, Fiebre salvaje (Jungle Fever), de Spike Lee, o incluso Welcome to Sarajevo, de Michael Winterbottom.

Francesco Rosi inauguró la clase magistral de cine en 1991.  Tras él, se sucedieron prestigiosos directores para repasar su trayectoria artística y su visión del cine. Basándose en el mismo principio, Nicola Piovani impartió en 2003 la primera clase magistral de música y Max von Sydow hizo lo propio con la clase magistral de interpretación en 2004.

Barton Fink, Palme d'or por unanimidad - Ethan y Joel Coen © DR

1997: 50 años de Festival...

Con motivo de la ceremonia del 50º aniversario, todos los directores ya premiados con la Palme d'or se reunieron sobre el escenario para entregar la «Palme des Palmes» a Ingmar Bergman. En su ausencia, fueron Liv y Linn Ulmann, su mujer y su hija, quienes recibieron el trofeo.
En la clausura, Youssef Chahine recibió el premio del 50º aniversario por su obra El destino (Al Massir) y por el conjunto de su carrera, de manos de la presidenta del jurado, Isabelle Adjani. El sabor de las cerezas (Ta'm e guilass), de Abbas Kiarostami, y La anguila (Unagi), de Shohei Imamura, se alzaron con la Palme ex-aequo.

En 1998, la década culminó con una mirada hacia el futuro con la creación por Gilles Jacob de una nueva selección de cortos y mediometrajes de escuelas de cine de todo el mundo, bautizada Cinéfondation. La entidad se desarrolló en 2000 con la inauguración de La Résidence, donde jóvenes directores acuden para completar la escritura de su guion. Y más tarde, en 2005, lo hizo con L'Atelier, que ayuda anualmente a una veintena de directores a encontrar financiación para su película.

La Palme des Palmes de Ingmar Bergman - Linn Ullmann y Liv Ullmann © AFP / Cartier y Patrick Hertzog / AFP

Años 2000: un nuevo milenio

En 2000, ¡se celebró una ceremonia de inauguración en tres actos para saludar el nuevo milenio! El Festival de Cannes abordó esta nueva era con la reestructuración de su equipo. Gilles Jacob fue elegido como presidente y sucedió a Pierre Viot, que ocupaba el cargo desde 1985, tras reemplazar a su vez a Robert Favre Le Bret. Desde 2001 hasta 2005, le ayudaron en sus funciones Véronique Cayla, como directora general, y Thierry Frémaux, como delegado artístico. La nueva dirección orientó el certamen para que pudiera satisfacer las necesidades del cine mundial y de sus profesionales, y tomó conciencia de la importancia de renovarse para preparar el futuro, en especial en cuanto a sus avances tecnológicos.
En concreto, este comienzo de milenio asistió a la expansión constante del Marché du Film y a la creación del Village International, una tribuna de cinematografías internacionales inaugurada en 2000 con doce países y que cuenta actualmente con una sesentena.

A iniciativa de Thierry Frémaux, las obras del fondo artístico, que hasta entonces se proyectaban en el marco de retrospectivas temáticas, se presentaron a partir de 2004 en la selección «Cannes Classics», que reúne las copias restauradas, los homenajes a cinematografías y los documentales sobre el cine.
En 2007, para celebrar los 60 años del Festival, 33 de los directores más importantes del mundo se reunieron sobre el escenario del Grand Théâtre Lumière tras haber sido invitados a participar en la película aniversario  Chacun son cinéma mediante la realización de un cortometraje de tres minutos sobre el tema de la sala de cine. El aniversario también es la ocasión para interrogarse sobre los desafíos del cine del futuro en el transcurso de un coloquio que reunió a más de 300 profesionales en torno a los nuevos desafíos digitales. Fue también durante esta edición cuando se inauguró una nueva sala de cine sobre el techo del espacio Riviera y que sigue conservando a día de hoy el nombre de «sala Soixantième».

En julio de 2007, el Consejo de administración nombró a Thierry Frémaux delegado general del Festival. En 2010, creó la nueva entidad «Cannes Court Métrage» para reunir la competición de los cortometrajes y el Short Film Corner en una dinámica complementaria y ofrecer un panorama completo de la creación mundial del formato corto en Cannes.
SouPreocupado por el respaldo y la promoción de las películas seleccionadas a nivel internacional, Thierry Frémaux también emprendió proyectos cuyo objetivo es hacer viajar a la «Selección oficial». Es así como, con el Marché du Film, creó en 2009 La Semana de Cine del Festival de Cannes, organizada anualmente en Buenos Aires, al mismo tiempo que Ventana Sur, y se asoció con Films de Cannes à Bucarest, una iniciativa lanzada por el director rumano Cristian Mungiu en 2010.
En enero de 2004, Pierre Lescure fue elegido presidente del Festival de Cannes por el Consejo de Administración para suceder a Gilles Jacob, nombrado presidente de honor y presidente de la Cinéfondation a partir del 1 de julio de 2014.

En mayo de 2017, el Festival cruzará el umbral de su 70º aniversario bajo el liderazgo de un nuevo tándem directivo que sigue manteniéndose fiel a los valores fundacionales del Festival: «Fomentar el desarrollo del arte cinematográfico en todas sus formas, y crear y mantener un espíritu de colaboración entre todos los países productores de películas».

Chacun son cinéma © FDC

Ilustraciones
Correspondencia de Georges Prade, que se puede consultar en los archivos administrativos del Festival en la Cinemateca Francesa: FIFA 1 B1
Telegrana de Louis Lumière: FIFA 911 B147
Documentos de mayo de 1968: FIFA 1123 B170

 

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