Oficial | Actualización : 13.02.18 . 14:32

ENCUENTRO - Lynne Ramsay: "Me gusta empujar las formas de expresión visuales hasta el límite"

Lynne Ramsay © FDC / GT

Lynne Ramsay © FDC / GT

Recién diplomada, Lynne Ramsay debutó tras la cámara a lo grande. Small Deaths (1996), su cortometraje de final de estudios, obtuvo el Premio del Jurado en Cannes. Desde entonces, la carrera de la cineasta escocesa se ha enriquecido con muchos otros cortometrajes pero también con tres largometrajes: Ratcatcher (1999), Morvern Callar (2002) y Tenemos que hablar de Kevin (2011), presentado en Cannes. Considerada por la crítica como una de las representantes más sólidas del cine británico, la directora se ha confesado sobre su relación con el cine.


¿Qué la condujo a la dirección?
Siempre tuve más o menos la idea de hacerlo. Hice mucha fotografía antes de inscribirme en la escuela de cine, donde estudié cinematografía y aprendí a utilizar una cámara. Al igual que sucede con la fotografía, la dirección me permite concentrarme en los detalles. Es sin duda por este motivo por el cual escogí pasar detrás de la cámara. Además, a pesar de ser gente muy sencilla, mis padres me llevaban a menudo a ver películas, en especial los grandes clásicos. Y luego, a los 16 años, descubrí Terciopelo azul, de David Lynch. Me fascinó. Todo eso contribuyó a reforzar mi deseo de pasar detrás de la cámara.


Además, sus inicios fueron notables…
Así es, tuve mucha suerte. Mi película de final de estudios, Small Death, fue seleccionada en Cannes y conquistó el Premio del Jurado. Evidentemente, este galardón aceleró mucho las cosas.


¿Qué recuerdo conserva de la escritura y del rodaje de su primera película?
Recuerdo que tomé prestada una cámara de la escuela de cine. La dirección del centro se volvió loca porque rodé durante dos semanas con ese material. Rodé en Escocia con actores no profesionales. Recuerdo que la luz era muy hermosa. Fue en aquel momento cuando comprendí que tenía un talento natural para la dirección y que esta profesión estaba hecha a mi medida.


¿Qué hace que una película sea buena desde su punto de vista?
Para mí, una buena película debe obligatoriamente contar una buena historia. Pero además debe saber manejar el lenguaje del cine. Para emocionarme, una película debe ser muy visual. El sonido, la música y los personajes también son criterios muy importantes: una vez más, lo que me gusta son los detalles. Se pueden decir tantas cosas de una historia mediante las imágenes...Me gusta mostrar las cosas de forma original, me gusta empujar las formas de expresión visuales hasta el límite. Me gusta ponerme en peligro, intentar cosas y aprender de estas experiencias.


¿Cuáles son las etapas de su proceso de creación?
Trabajo de forma muy visual. Tengo ideas de escenas, imágenes que me vienen y eso es a menudo lo que da vida a mis personajes. Uno siempre aprende de sus experiencias anteriores, de sus problemas, de sus errores y, al mismo tiempo, cada vez que arranco una película, es un poco como si fuera la primera vez. Creo que he evolucionado en cuanto a la forma de hacer películas. He afinado mi método.

 

Lynne Ramsay © FDC / GT


También ha dirigido numerosos cortometrajes. ¿Cree que este formato recibe todo el reconocimiento que merece?
Se trata de un formato que desgraciadamente es poco accesible para el gran público. Para los cineastas, en cambio, se trata de un formato muy interesante para probar nuevas experiencias. Se trata también de un placer diferente al de un largometraje, donde hay mucho dinero en juego y equipos importantes. Presenté uno en la Quincena de Realizadores este año. Necesitaba liberarme, en especial en cuanto a la forma. Dirigirlo ha sido como unas vacaciones.


¿Cómo dirige a sus actores?
Todo depende de la relación que tenga con ellos. La mayoría de los actores a los que he dirigido se han convertido en amigos míos. En general, siempre logro extraer de ellos lo que deseo. Necesito que se abandonen a mí, que confíen en mí, pero también en mi visión de las cosas. De este modo, en ocasiones logro empujarles hasta el límite, allí hasta donde nunca se habrían aventurado. Tenemos que hablar de Kevin era una película muy sombría pero durante el rodaje éramos como una gran familia. Disfrutábamos con la música, cocinábamos…Hay un montón de cosas fantásticas en la dirección de una película. Y la más fantástica de todas ¡es rodarlas! La menos divertida, es evidentemente lograr la financiación. Pero es mi vida y me encanta. La dirección es lo que me conserva con vida. Nunca me aburro, pero mentalmente es agotador.


Desde su punto de vista, ¿qué le falta al cine escocés actual?
Tenemos muy buenos directores, con universos muy interesantes, ¡pero nuestro problema es nuestro acento! ¡En Estados Unidos, necesitan subtítulos para ver nuestras películas! En Reino Unido, tenemos la suerte de recbir muchas ayudas del gobierno, mientras que en Estados Unidos a los directores jóvenes les cuesta mucho abrirse camino. Finalemente, estaría bien que la relación hombres/mujeres se equilibrara en el cine. Dicho esto, me considero como una directora del mundo, aunque sea escocesa porque allí fue donde nací y me crié.


Declaraciones recogidas por Benoit Pavan

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Oficial En salas el 23.05.13

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