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Jurado | Actualización : 13.02.18 . 09:47

Cita con Naomi Kawase, presidenta del jurado de la Cinéfondation y de los cortometrajes

Naomi Kawase - Presidenta del Jurado de la Cinéfondation y de los Cortometrajes

Naomi Kawase - Presidenta del Jurado de la Cinéfondation y de los Cortometrajes © Valery Hache / AFP

Graduada en 1989 en una escuela de cine, Naomi Kawase se orientó rápidamente hacia la realización de documentales, género por el que siente predilección y que sigue influyendo en su forma de plasmar sus ficciones. Rodadas con recursos limitados, sus películas le valieron de inmediato el reconocimiento internacional. En Cannes, la cineasta se convirtió en 1997 en la premiada más joven de la Caméra d’or con Suzaku, antes de lograr, diez años después, el Grand prix del Jurado con El bosque del luto (Mogari no mori). A continuación rememora sus inicios detrás de la cámara.

¿Qué lugar atribuye a los cortometrajes en la carrera de un cineasta?

Para mí, han sido muy importantes, ya que en mis inicios no contaba con el mismo respaldo financiero que hoy. Me habría resultado difícil acceder a presupuestos tan elevados para realizar directamente un largometraje. Así que los cortometrajes han sido el medio para poder empezar a hacer películas de todos modos. Este formato ha resultado una etapa importante de mi trayectoria. Por supuesto, permite a un director joven practicar pero también ser evaluado y, en última instancia, reconocido.

 

¿En qué medida preparan para una primera película?

Suzaku, mi primer largometraje, evocaba la familia, un tema que ya había abordado en mi último cortometraje, realizado justo antes. Las dos películas se sucedieron en una lógica de continuidad. Es por ese motivo que creo que los cortometrajes son en general una especie de avance del primer largometraje.

 

Desde su punto de vista, ¿una escuela de cine es indispensable?

Yo estudié en una escuela de cine durante dos años y eso me parece importante porque ahí encuentras personas que tienen el mismo objetivo que tú, que aspiran a tocar con los dedos el mismo sueño. Por supuesto, puedes conocer a gente que te apoya y te aconseja pero también, y sobre todo, a rivales que tratan de meterte palos en tus ruedas.

 

¿Qué importancia tiene la cinefilia en la elaboración de una primera película?

Cuando comencé, había visto muy pocas películas. Y, sin embargo, ¡fui capaz de dirigirlas! El único peligro con la cinefilia es querer imitar demasiado y perder la dosis de originalidad que uno lleva dentro. Creo que es importante que una primera película no muestre demasiadas cosas que ya han sido exploradas.

«El problema, en el momento de abordar la segunda película, es que uno tiene tendencia a sobreactuar la primera»

¿Cuáles son los errores que no hay que cometer en una primera película?

¡Creo que uno se puede permitir todo durante una primera película! Lo que no hay que olvidar nunca es profundizar en aquello en que eres el mejor. Por mi parte, creo que cometí un error: escribí el guión de mi primera película basándome en mi imaginación y, cuando la dirigí, traté de ceñirme a él escrupulosamente. No la dejé vivir.

 

¿Cómo se hace para no dar un paso en falso con la segunda película, una vez que se ha perdido la libertad de la primera vez?

Cuando tienes éxito con la primera, ¡suele suceder lo contrario con la segunda! Mi primera película se llevó la Caméra d’or en Cannes, ¡mientras que la segunda jamás fue distribuida en DVD! El problema, en el momento de dirigir la segunda película, es que uno tiene tendencia a sobreactuar la primera y es la forma incorrecta de abordar el proyecto. Lo mejor es partir de cero. En general, la gente que te rodea espera encontrar la energía de la primera.

 

Usted que ha tenido la oportunidad de descubrir el trabajo de jóvenes directores, ¿qué le parece la nueva generación de cineastas?

Abordan temas que ni siquiera habrían aflorado hace cincuenta años. Eso es lo que caracteriza a esta generación.

Redactado por Benoit Pavan

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