Jurado | Actualización : 29.04.19 . 14:42

Encuentro con Arnaud Desplechin, miembro de Jurado de Largometrajes

Arnaud Desplechin - Miembro del Jurado de Largometrajes

Arnaud Desplechin - Miembro del Jurado de Largometrajes © Anne-Christine Poujoulat / AFP

Arnaud Desplechin es un cineasta que confunde. Cinco selecciones en Competición en Cannes, ganador del premio César al mejor director por su última película Trois souvenirs de ma jeunesse (My Golden Days), toda una generación de actores propulsados gracias a él, como Mathieu Amalric y Quentin Dolmaire. Y sin embargo, la mirada de esta figura del cine francés conserva el candor del niño de Roubaix. Encuentro con el director para evocar sus logros y sus miedos.

Participó por primera vez en Cannes en 1992 con La Sentinelle, en Competición. ¿Qué recuerdo tiene?

Un recuerdo hermoso y brutal a la vez. Me enteré de que en la primera proyección ante la prensa, durante los créditos, el ambiente se había puesto muy agresivo entre los críticos. La conferencia de prensa se llevó a cabo al día siguiente, y un periodista se levantó para hacerme una pregunta que resultó ser extremadamente agresiva; para él, la película era escandalosa. Yo solo quería proteger a los actores que estaban conmigo. Y entonces, otro periodista se levantó y contestó al primero diciéndole que sus palabras eran escandalosas porque la película era admirable. En la sala solo se escuchaban insultos. Mirando la escena, me dije “¡Vaya, es vigorizante!” 

La Sentinelle

Ya había sido miembro del Jurado en 1998, para la Cinéfondation, ¿Cómo vive la experiencia este año?

Me gusta cuando la expresión de George Miller, somos estudiantes de cine. Lo que me impresiona es lo que las películas me van dejando. Cuando salgo de ver una película, tengo una opinión claramente definida, pero dos días después, tras haber visto dos o tres, esa opinión cambia, se va afinando. Además se aprende de los otros miembros del Jurado. El hecho de compartir me convierte en una persona que aprende y eso me llena de felicidad.

“Donald Sutherland es una persona extraordinaria, es él quien nos guía un poco. A todos nos sorprende su viveza, su precisión extrema; con él, vamos siempre hacia arriba. Cuando interviene, suele concluir con una moraleja o con una broma. Es como un desafío porque a todos nos gustaría hacer lo mismo.”

¿Cuáles son las películas que más le llegan?

Las películas que me transforman después de verlas. Las películas de las que aprendo algo, de las me acuerdo toda la vida , que me cambian como espectador.

 

¿Qué películas lo han cambiado?

¡Son tantas! Le digo una que me aterrorizó, que vi siendo muy joven: Ordet (La palabra) de Carl Theodor Dreyer. No entendía todo lo que veía y cuando se produce el milagro, sentí mucho miedo. Crecí en un medio católico, y vi esa película con todos esos protestantes y con ese hombres que pretende ser Jesús y hace que el niño resucite. Eso me cambió, mi percepción de la vida ya no sería la misma.
 

¿Sus películas le han le han servido a ajustar cuentas con su país (La Sentinelle), con su familia (La Vie des morts) sus novias (Comment je me suis disputé…) ?
Siempre estamos luchando contra nuestros miedos. Y al mismo tiempo, pido a los actores que se lancen a hacer cosas, yo tengo que ser capaz de hacerlo también. Cuando los actores me aportan su inmenso talento, me siento bien, pero nunca es suficiente.

“Pido a los actores que compartan conmigo algo personal, que es como una nota musical que vibra y es casi indecente. Entonces no se sabe cuál es la frontera entre el personaje y el actor."

Trois souvenirs de ma jeunesse (My Golden Days)

¿En dónde se encuentra dentro de la gran familia del cine? Dice que se siente un poco apartado.

Seguramente formo parte de esa familia, en mayor medida de lo que quiero admitir. Me emocionó, por ejemplo, que la familia del cine me diera un premio César por Trois souvenirs de ma jeunesse (My Golden Days). Me sentí muy emocionado y sentí, en mi fuero interno, que era un miembro discreto de esa familia. Puede ser porque aún no acabo de sorprenderme de tener la suerte de poder fabricar películas. Tuve tanto miedo, entre los 7 y los 17 años, de no poder trabajar en cine... No conocía a nadie que trabajara en la industria del espectáculo, en París. Pasé diez años de mi vida de duelo por eso, era infeliz. Todavía me sorprende. 

 

¿Siento eso a pesar de los reconocimientos que ha recibido a lo largo de su carrera?

Pues sigo siendo el mismo provinciano sorprendido que se dice ”¡Dios mío, tienes la posibilidad de hacer una película!”. Y siento lo mismo con la película que preparo actualmente. Me pregunto “¿será porque mi familia viene de Roubaix?”. Me sigue sorprendiendo, tal vez porque soy de carácter tímido. 

Encuentro15.05.2016 . 09:00

Arnaud Desplechin, miembro del Jurado de los largometrajes

Redactado por Tarik Khaldi

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