¿Cómo surge la idea de hacer esta película?
El origen de la película se remonta a 2009, cuando Renée viajó por primera vez a Pedra Branca, la aldea más grande de la comunidad indígena Krahô, ubicada al norte de Brasil. Durante nuestros viajes, conocimos a un colectivo de jóvenes cineastas indígenas con los que colaboramos. La película se inspira en la historia de uno de aquellos directores, que escapó de su aldea para ir a la ciudad.
¿Cómo fue el ambiente durante el rodaje?
Habitamos en aquella aldea durante nueve meses para rodar la película. No nos acompañó nadie del equipo técnico, pero contamos con el respaldo de toda la gran comunidad Krahô. Era esencial para nosotros aceptar que nuestra película en sí no era más importante que la vida cotidiana de la aldea que visitábamos. Nos tomamos el tiempo necesario para empaparnos de la cultura, para dar paseos de dos horas por el río, para sentarnos y esperar la luz perfecta que formaría parte de cada secuencia. Aquellos momentos se veían a veces interrumpidos por la lluvia, la aparición de una serpiente o incluso la llegada de la noche, pero no pasaba nada: simplemente, aplazábamos el rodaje. Por esta razón, todo se desarrollaba lentamente.
¿Qué les ha enseñado el dirigir esta película?
Nos dimos cuenta de que dirigir una película no puede hacerse de forma independiente a los acontecimientos diarios de la vida. Al rodar el día a día de estos individuos, comprendimos que nuestra rutina de cineastas estaba coexistiendo con la rutina de los aldeanos.
¿Qué opinan de la industria del cine en Portugal y Brasil?
Hay unos puntos de vista muy interesantes en Brasil y Portugal. Los dos países están marcados por el legado de directores fuertes, que han luchado por un cine libre e independiente. Sin embargo, este tipo de cine se ve amenazado y atacado por los poderes políticos y económicos imperantes.
