Un Certain Regard | Actualización : 20.12.18 . 13:18

Muere, monstruo, muere, la mirada de Alejandro Fadel

Foto de la película Muere, monstruo, muere

Foto de la película Muere, monstruo, muere © DR

Para el argentino Alejandro Fadel, esta es la quinta participación en el Festival y el cuarto largometraje presentado en las distintas categorías del certamen. Con Muere, monstruo, muere, Fadel, a quien ya conocíamos como guionista, firma su primera cinta como director en la Selección oficial. En la película, narra las inexplicables y brutales apariciones de un monstruo en su región natal, Mendoza.

Explíquenos la génesis de la película.

Las dos películas que he realizado hasta hoy partieron de ideas casi documentales: la selección de lugares, de personas y, en este caso, de procesos productivos del trabajo agrícola. La ficción suele aparecer lentamente como algo inevitable. En este caso, la presencia documental era aún más evidente, ya que decidí filmar en Mendoza, la provincia de Argentina donde nací y viví durante mi niñez y adolescencia. Es decir, trabajaba sobre mis propios recuerdos. Fue en ese lugar opaco, entre la experiencia y la imaginación, donde este film se fue forjando.

Entre esas imágenes que hace años decidí registrar, apareció una que me desveló un posible orden narrativo, un juego argumental: el volcán Maipo reflejado sobre la Laguna del Diamante, una imagen que revelaba dos triángulos perfectos. Así se terminó de construir la historia: en ella aparecían un triángulo amoroso, la muerte de una mujer y el reflejo invertido de ese triángulo. Ante el vacío de un amor perdido, apareció algo fuera del lenguaje y de lo que solo la ficción y la imagen podían dar cuenta: era el relato fantástico y el Monstruo, y con ellos, aparecieron dos hombres y una mujer, dos hombres y el Monstruo. Por otro lado, esta imagen simple y bella del volcán sobre la laguna permitió que orientara la puesta en escena trabajando sobre ciertas ideas visuales de simetrías y reflejos. El paisaje ya no era la excusa documental, sino que constituía el soporte narrativo. El documental había quedado olvidado y solo quedaba de él la poderosa distancia entre el objetivo y los micrófonos, y la naturaleza, los rostros y las voces al caminar por la montaña, un material que guardaba la fuerza que tanto me había impresionado la primera vez.

 

¿Qué ambiente hubo durante el rodaje? ¿Recuerda alguna anécdota?

Hay cierto caos del que disfruto cuando me aventuro en un rodaje. En este caso, la mayor parte del largometraje está filmada en el exterior en pleno invierno, en zonas de alta montaña. Por ello, la película tenía que estar sometida a los cambios del mundo real y no al revés: debíamos adaptarnos y perseguir aquello que todos los días pudiera sorprendernos. Me gusta trabajar así, tener suficiente margen de error y azar y buscar cierto vértigo que ponga en riesgo el guion y nos sorprenda ante la imagen que nace. La relación con lo real, en variadas acepciones, está presente en toda la película.

Por otro lado, intento que la filmación sea un momento agradable del que disfrutar, a pesar de su intensidad. No me gustan los rodajes tensos ni la jerarquía entre productores, directores y actores. Intento que seamos un grupo de gente que comparta una experiencia trascendental y encajar los problemas con humor o elegancia. Le doy un ejemplo: de acuerdo con nuestro plan de rodaje, habíamos reservado un día para filmar unos caminos y unas montañas concretas a las que se refería el guion. Cuando llegó ese día, salimos temprano a filmar. Lentamente vimos cómo la niebla iba cubriendo primero la cima de las montañas, luego la falda y por último, los caminos. No podíamos ver nada a más de cuatro metros de distancia. Lo que iba a ser un día dedicado a filmar paisajes resultó ser un día protagonizado por la niebla. Volvimos a concebir las escenas con la niebla y a reescribirlas. Cuando nos dispusimos a rodar, la niebla empezó a despejarse. Nos miramos los unos a los otros, nos pusimos a reír y decidimos volver al plan inicial. Durante toda la jornada, la niebla que lo cubría todo se desvanecía por momentos. Al final, no filmamos ni la secuencia que habíamos previsto inicialmente ni la otra que pretendíamos improvisar. Fue algo inesperado que nadie había imaginado ni estaba escrito en el guion. Las películas se construyen a partir de dificultades técnicas o de producción, de estados de ánimo humanos…  Basta con tener los ojos y los oídos atentos para incorporar esa energía al plano. El cine siempre anhela ser otra cosa distinta a lo que se espera de él.

 

¿Qué puede decirnos sobre los actores?

De los dos protagonistas, antes de escribir el guion, solo tenía claro el actor que iba a interpretar a uno de ellos: Esteban Bigliardi. En cuanto al actor que iba a encarnar al otro personaje, era aún un misterio. Sin embargo, tenía la certeza de que para dicho papel necesitaba un actor que apareciera por primera vez en la gran pantalla. Me daba igual que fuera profesional o no, ya que en general, la idea de que los actores tengan que ser profesionales me fastidia. Buscaba un cierto rostro, un acento determinado, una modulación concreta. Entonces apareció Víctor López y el personaje empezó a cobrar forma.

Por otro lado, intento no abrumar a los personajes con psicologías, grandes historias previas o motivaciones para que actúen o reaccionen. En este sentido, me interesan más los cuerpos, las voces y los movimientos que la construcción dramática. Alguien que viene y toca un instrumento con precisión no me emociona. Busco que el objetivo y el micrófono registren la ambigüedad que nace entre la persona y el personaje imaginado, quiero seguir ese espíritu que inevitablemente intentará salir a la luz.

Como las condiciones del rodaje fueron casi siempre incómodas, los actores sintieron el cansancio y, por momentos, la experiencia se volvió agotadora. En una noche interminable y fría, descubrí que el cuerpo de un actor en situaciones extremas tenía la misma resistencia que el de un deportista de élite. Envidio esa entrega, compromiso y confianza en uno mismo, porque lo que da autenticidad a este relato es la capacidad de sus actores para dotar de ternura a los personajes y eso se logra únicamente mediante un cariño sincero. También por eso les estoy profundamente agradecido.

 

¿Puede hablarnos de su próximo proyecto?

Siento un poco de envidia por los directores que piensan ya en su próximo proyecto, porque imagino que esa es una forma de dominar la ansiedad. Yo trabajo lentamente, se me van acumulando las ideas y me lleva más tiempo decantarlas o encontrar una idea entre mis notas que dé lugar a una película. Así que desconozco cuál será mi próximo proyecto. Si tengo que decir algo, en estos momentos me decanto más por relatar una pequeña sinopsis de una posible película: un pastor de pesebre en un pueblo de provincias, un viaje a la Edad Media, una fábula cómica sobre la Pasión, una película sobre el trabajo y el ocio. Y me surge una idea: que en ella no exista el Diablo ni la presencia del mal. Ese es hoy mi máximo anhelo, acercarme con pudor a la simpleza de Francisco, Juglar de Dios. Aunque ya veremos, porque no me fío mucho de mí mismo. Lo poco que hay sobre esta película lo escribió mi hermano menor y son tan solo unos cuantos versos. Se titula «Pastorcito». Es lo único cierto de toda esta historia.

Redactado por Charlotte Pavard

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MEURS, MONSTRE, MEURS
Un Certain Regard

MUERE, MONSTRUO, MUERE

Alejandro FADEL

ARGENTINA, FRANCIA, CHILE - 2018

01:49

En profundidad

El mismo día

Un Certain Regard En salas el 13.05.18

Muere, monstruo, muere, la mirada de Alejandro Fadel

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