Oficial | Actualización : 13.02.18 . 09:38

EL CINE ESTADOUNIDENSE EN EL FESTIVAL DE CANNES

POR SCOTT FOUNDAS *

 

 

La relación entre Estados Unidos y Francia es una auténtica historia de amor: la ilustración francesa, la Estatua de la Libertad, Jerry Lewis…Así que no resulta muy sorprendente que, ya desde los inicios del Festival de Cannes, las películas estadounidenses congregaran una gran asistencia en la Croisette. Ya la primera edición del Festival, en 1946, supuso todo un anus mirabilis para Hollywood, con ocho producciones estadounidenses entre las 44 películas “en competición”, entre las que se encontraban Luz que agoniza, de Cukor, Encadenados, de Hitchcock, Días sin huella, de Wilder (una de las nueve películas que compartieron el primer Grand Prix del Festival, que era entonces la distinción más alta) y Make mine music de Disney, que marcó el inicio de una larga tradición de películas de animación en la Sección Oficial. Coincidencia o no, ese mismo año, el histórico acuerdo Blum-Burnes abrió los cines franceses a más productos estadounidenses. Vive les États-Unis!*



 Encadenados de Hitchcock

 

Si Cannes hubiera arrancado en 1939, tal y como estaba previsto antes de que la Segunda Guerra Mundial acabara con este proyecto, El mago de Oz y Unión Pacífico de Cecil B. DeMille habría formado parte de la programación, entre otros tesoros de este gran año de la historia hollywoodiense. Cuando en 2002 se concedió una tardía Palme d’or 1939, ésta recayó precisamente en la película de DeMille. Pero Cannes llegó a tiempo para aprovechar la edad de oro de Hollywood…
 

Vivir un gran amor de Edward Dmytryk Un americano en París de Vincente Minnelli

 


Durante el final de los años 40 y el comienzo de los años 50, las películas procedentes de estudios de prestigio y rodadas por directores como Edward Dmytryk (Encrucijada de odios, Vivir un gran amor), Vincente Minnelli (Ziegfeld Follies, Un americano en París) y William Wyler (Brigada 21, La gran prueba) estuvieron en competición junto a un número sorprendente de películas de género y de películas policíacas, como Act of violence (1948) de Fred Zinnemann y Combate trucado (1949) de Robert Wise, el tipo de películas que los franceses fueron históricamente los primeros en tomarse en serio. Tras tres años de producción agitados, Otelo, realizada de forma independiente por Orson Welles, conquistó el Grand Prix en 1952. El mismo año, Marlon Brando y Lee Grant fueron galardonados respectivamente con el Premio a la mejor interpretación masculina y femenina (por ¡Viva Zapata!, de Kazan y Brigada 21). En 1953, el gran John Ford hizo su única aparición en Cannes con The sun shines bright. En 1955, el Grand Prix cambió su nombre por el de Palme d’or. Fue concedida a Marty, de Delbert Mann, que se convertiría en la primera de las catorce películas estadounidenses que han logrado este galardón tan codiciado, convirtiendo a Estados Unidos en el país con más Palme d'or del mundo. 
 

 

 Otelo de Orson Welles

 

 

 


Mientras la industria cinematográfica francesa sufría, a finales de los años 50, los cambios radicales provocados por los revolucionarios de la Nouvelle Vague, las películas estadounidenses atravesaron su propia revolución con la entrada en escena de directores independientes como Morris Engel, John Cassavetes e Irvin Kershner (cuya película Refugio de criminales participó en competición en 1961) y otros directores jóvenes como John Frankenheimer (procedente del mundo de la televisión) o Sidney Lumet, que se apropiaron poco a poco del lenguaje convencional de la gran tradición cinematográfica hollywoodiense. Las películas Su propio infierno, de Frankenheimer, y Larga jornada hacia la noche, de Lumet, se presentaron en Cannes en 1962, y la película de Lumet le valió a su trío de actores protagonistas (Dean Stockwell, Jason Robards y Ralph Richardson) un Prix de interpretación colectivo, así como el Prix de interpretación femenina atribuido a Katherine Hepburn. En 1965, Cannes recibió por primera vez un presidente del jurado de nacionalidad estadounidense, en la persona de Olivia de Havilland. La Palme d’or recayó en la comedia “mod” vanguardista de Richard Lester El knack…y cómo conseguirlo. Si bien el tema de la película era totalmente británico, conviene señalar que, sin embargo, Lester es estadounidense. En 1967, sólo una película estadounidense estuvo en competición en el festival. Se trataba de una película independiente de pequeño presupuesto, en un principio el proyecto de final de carrera de la UCLA Film School para su director…La película se llamaba Ya eres un gran chico, y su director no era otro que un futuro doble galardonado con la Palme d’or que responde al nombre de Francis Ford Coppola.

 

 

 

 El knack…y cómo conseguirlo de Richard Lester

 

 

El año siguiente, las agitaciones sociales de 1968 hicieron su presencia en la Croisette, entrañando la estrepitosa interrupción del festival. Una vez restablecido (relativamente) el orden, en 1969, la película Easy rider de Dennis Hopper anunció el nacimiento de un nuevo cine hollywoodiense, nacido de las cenizas de Vietnam y de la contracultura estadounidense desencantada. Resulta interesante subrayar que la película fue presentada en competición y no en el marco de la Quincena de Realizadores, recién creada y pretendidamente más vanguardista (que incluyó en su selección de ese año un producto de la influyente sociedad de producción BBS, la película Head, de Bob Rafelson).

 Easy Rider de Dennis Hopper

 

 

Así que el escenario era el ideal para comenzar una década de películas de autores desvergonzados, intransigentes y altamente políticos, como la película MASH, de Robert Altman, que conquistó la Palme d’or en 1970, a pesar de que se dijo que una parte del jurado prefería el drama Fresas y sangre, del neófito Stuart Hagmann, que utilizaba las protestas universitarias como telón de fondo (y que tuvo que conformarse con el Prix del Jurado). Dalton Trumbo, antiguamente inscrito en la lista negra de Hollywood, presentó Johnny cogió su fusil (1971), el año en que el festival recibió el excelente fresco sobre la toxicomanía Pánico en Needle Park, firmada por Jerry Schatzberg (con Al Pacino, antes de interpretar al Padrino) y la primera película estadounidense de Milos Forman, Juventud sin esperanza, con esa escena inolvidable en que unos padres burgueses inhibidos aprenden a fumar un porro. La poética road movie de Schatzberg Espantapájaros, con Pacino y Gene Hackman en dos de los mejores papeles de sus carreras, se alzó con la Palme d’or en 1974, mientras que Martin Scorsese, cuyas Malas calles causaron sensación durante la Quincena de Realizadores de 1973, hizo su primera aparición en la competición en 1975 con Alicia ya no vive aquí.
 

 

 

 

 

 

 

 Juventud sin esperanza de Milos Forman

 


Por tanto, los grandes nombres de Easy rider y del futuro Toro salvaje dominaron el festival de 1974, y Coppola se alzó con su primera Palme por La conversación, una película perfectamente adecuada a la paranoia de los años del Watergate, mientras que Jack Nicholson recibió el Prix de interpretación masculina por su exuberante retrato de un marine liberado en El último deber, de Hal Ashby (escrita por el guionista estadounidense más prominente de la década, Robert Towne). Por su parte, dos jóvenes guionistas, Hal Barwood y Matthew Robbins, fueron galardonados por su primer guión, el de Loca evasión, que también marcó los inicios de un tal Steven Spielberg como director de largometrajes. Otras dos películas estadounidenses lograrían la Palme en el transcurso de esa década: Taxi driver (¡recompensada en 1976 por un jurado presidido por Tennessee Williams!) y Apocalypse now, en el preciso instante en que Hollywood comenzaba a decantarse por un modelo más conservador, que fomenta las películas de entretenimiento puro y duro.
 


 Taxi Driver de Martin Scorsese

 

 

 

 

El fracaso total de La puerta del cielo (1981), de Michael Cimino, excelente y salvajemente subestimada, debía marcar el final oficial del Nuevo Hollywood. Sin embargo, los años 80 presenciaron la llegada a Cannes de películas como Uno Rojo: división de choque, de Sam Fuller (proyectada en 1980 en una versión mutilada por el estudio y posteriormente en 2004 en un remontaje del director magníficamente restaurado), Ladrón, de Michael Mann (1981) y El rey de la comedia, de Scorsese (1983), que envió a uno de sus actores principales, Jerry Lewis, hasta la alfombra roja del Palais des Festivals. En la sección Un Certain Regard, recién creada, el mundo del cine descubrió el trabajo del infatigable director independiente estadounidense Henry Jaglom (Sitting Ducks, Someone to Love).

 

 

Jerry Lewis, Cannes, 1982.

 


 La puerta del cielo de Michael Cimino

 

La selección del Festival de Cannes estaba ya firmemente en manos de Gilles Jacob, que había sido contratado en 1976 para sustituir al director saliente del festival, Maurice Bessy...¡para descubrir que su predecesor no tenía realmente la intención de soltar las riendas en el curso de los siguientes dos años! Sin embargo, a finales de los años 80, Jacob había establecido ya relaciones sólidas y duraderas con Clint Eastwood, Woody Allen y los hermanos Coen que llegan hasta el día de hoy, en que sus películas se presentan en primicia en Cannes. Este éxito es tanto más notable cuanto que los años 80 no fueron una década fácil para Hollywood, ya que los estudios dirigidos un día por Irving Thalberg y Harry Cohn cayeron bajo el control de grupos de empresas interesados únicamente en los resultados financieros. Un “nuevo” Hollywood vio la luz, con sus inéditos éxitos de grandes presupuestos, fáciles de comercializar y vendibles en todo el mundo, sin ninguna necesidad de adaptación.

 

 

La rosa púrpura de El Cairo de Woody Allen (1985)

 

 


E.T. el extraterrestre de Steven Spielberg

 

Esta situación no fue totalmente negativa, ya que le ofreció al niño prodigio Spielberg la oportunidad de prosperar gracias a una obra como E.T. el extraterrestre (presentada en primicia mundial durante la ceremonia de clausura del festival en 1982). Sin embargo, durante la mayor parte de la década, el cine estadounidense presentado en Cannes fue de tipo más modesto y personal, compuesto sobre todo por películas de directores extranjeros emigrados a Estados Unidos que trabajaban fuera del sistema de los estudios o, en el caso de Mishima: a life in four chapters, de Paul Schrader (1985), la obra de un director estadounidense trabajando muy lejos de su país natal. El alemán Wim Wenders exploró el emplazamiento de Paris, Texas, una odisea que le valió la Palme d’or en 1984, mientras que el italiano Sergio Leone mostró fuera de competición la epopeya magistral de un gángster judío-americano en Érase una vez en América. El francés Barbet Schroeder retrató la vida del reconocido poeta alcohólico de Los Ángeles Charles Bukowski en El borracho (1987) y el ruso Andrei Konchalovski (galardonado con el Grand Prix del Jurado en 1979 por Siberiada) se adentró en lo más profundo de Luisiana para realizar Vidas distantes (que le valió a Barbara Hershey el premio como mejor actriz). Estas dos últimas películas fueron fruto del trabajo de dos aventurados productores israelíes, Menahem Golan y Yoram Globus, que habían comprado una compañía de distribución de películas estadounidense al borde del cierre llamada Cannon para transformarla en una prolífica fábrica de películas de explotación con pequeños presupuestos así como películas de autor sorprendentemente dignas, como mínimo hasta que determinadas prácticas comerciales contrarias a la ética acabaron con ellos.

Hacia la misma época, un festival de cine estadounidense recién creado se impuso poco a poco como el escaparate de un nuevo cine estadounidense independiente. Creado inicialmente con el nombre de “Utah/US Film Festival”, se convertiría más adelante en el Festival de cine de Sundance. Cannes tomó nota muy rápidamente. En la selección 1988, solo la película Bird, de Clint Eastwood, llevaba el logo de una gran casa de producción, mientras que Patty Hearst, de Schrader, así como la primera película dirigida por el actor Gary Sinise, Más allá de la ambición, procedían del nuevo sector independiente. El año siguiente, los universos de los festivales de Sundance y Cannes entraron literalmente en colisión, ya que Sexo, mentiras y cintas de vídeo, de Steven Soderbergh, se alzó al mismo tiempo con el Premio del Público en el festival de Utah y con la Palme d'or (así como el Prix de interpretación masculina para James Spader) en la Croisette, imponiéndose por encima de Haz lo que debas, de Spike Lee.
 

 

 

La hegemonía del cine estadounidense independiente se mantuvo en Cannes los dos años siguientes, ya que la Palme d’or fue concedida a Corazón salvaje, de David Lynch, y Barton Fink, de los hermanos Coen, que logró un triplete sin precedentes: Joel Coen recibió también el Prix al mejor director y John Turturro el de mejor actor por esta misma película. En 1992, Cannes fue presa de una auténtica invasión yankee: seis películas estadounidenses fueron seleccionadas para la competición (entre ellas, El juego de Hollywood, de Altman, y la famosa Twin Peaks, el diario de Laura Palmer, de Lynch) y otras cuatro películas (entre ellas Bad lieutenant, de Abel Ferrara) en la sección Un Certain Regard, mientras que otras tres más fueron presentadas fuera de competición (entre ellas, Reservoir dogs, de Quentin Tarantino). Sin embargo, durante los años 90, esta preeminencia se fue debilitando: por cada gran película presentada en Cannes durante esos años (Pulp Fiction, Ed Wood, L.A. Confidential), hubo una larga serie de obras de segundo nivel, firmadas sin embargo por excelentes directores (Más allá de Rangún, de John Boorman, El gran salto, de los hermanos Coen, Kansas City, de Altman, Jefferson en París, de James Ivory), buenas películas relegadas al anonimato por estudios con falta de comprensión (Secuestradores de cuerpos, de Ferrara, El rey de la colina, de Soderbergh, Sunchaser de Cimino) y la gigantesca locura de The brave, la primera película de Johnny Depp como director, deliberadamente sumida en el olvido por su propio director.
 

Pulp Fiction de Quentin Tarantino L.A. Confidential de Curtis Hanson

 

 

 El juego de Hollywood de Robert Altman

 

 


 
Estados Unidos y Cannes parecían haberse distanciado ligeramente, y correspondería al nuevo sheriff reavivar sus puntos en común. “Cuando llegué a Cannes, una de las primeras cosas que me pidió Gilles fue ir a Hollywood para tejer nuevos vínculos con el cine estadounidense, y ante todo con los estudios", explica Thierry Frémaux, que sucedió a Jacob como director artístico del festival de Cannes en 2001, en una entrevista concedida a un escritor en 2007. Frémaux se tomó esta petición a rajatabla, visitando Los Ángeles varias veces al año y reestableciendo un fuerte vínculo entre Cannes y los directores, los responsables de los principales estudios y los personajes más influyentes del momento.

La iniciativa dio sus frutos de inmediato, ya que la 20th Century Fox ofreció Moulin Rouge de Baz Luhrmann para la noche de inauguración del festival 2001. De hecho, ese año fue especialmente fuerte, ya que también se presentaron en primicia Mulholland Drive, de David Lynch y El hombre que nunca estuvo allí, de los hermanos Coen (que compartirían el Prix al mejor director), así como Shrek, que marcó oficialmente la llegada de la animación por ordenador a la Croisette. El año siguiente, fue un documental el que hizo su irrupción en competición por primera vez desde hacía varias décadas: Bowling for Columbine de Michael Moore. También hay que señalar las primeras apariciones en competición de Alexander Payne (A propósito de Schmidt) y de Paul Thomas Anderson (Embriagado de amor), dos de los escasos directores estadounidenses que han logrado la hazaña de producir películas de autor con presupuestos comparables a los de los estudios. El Cannes de la primera década del siglo continúa en la misma línea, presentando un amplio abanico de películas estadounidenses que abarcan desde grandes éxitos populares, representados por las franquicias de Matrix o La guerra de las galaxias (en las secciones cada vez más numerosas dedicadas a las películas presentadas fuera de competición) hasta lo que algunos consideran como auténticos desastres, como The brown bunny, de Vincent Gallo (2003), una película que su autor continúa defendiendo.
 

 

 

 

Fargo de los hermanos Coen (1996)



En el caso de la mayoría de las películas mencionadas, la alfombra roja del Palais des Festivals parece haberse alargado poco a poco más allá de la Croisette hasta llegar a los Óscar de la Academia, como también ha sucedido con Mystic River, Fahrenheit 9/11, Una historia de violencia, Un verdad incómoda, No es país para viejos, El intercambio, Precious y Blue Valentine. Al mismo tiempo, películas como Babel, de Alejandro González Iñárritu e Inglourious basterds, de Tarantino, que técnicamente pueden considerarse como producciones estadounidenses, continúan superando las fronteras de las nacionalidades y los idiomas en nuestra sociedad, cada vez más globalizada. Porque, a fin de cuentas, ¿qué país puede atribuirse realmente la magnífica Dogville de Lars von Trier, una película financiada en euros, pero rodada en inglés y cuya acción se desarrolla en el decorado de un Estados Unidos imaginario que simula el viejo Hollywood? ¿O las películas dirigidas por Woody Allen durante sus prolongadas vacaciones en Europa? Sea como sea, ante nosotros se abre la segunda década del siglo...con la silueta de Terrence Malick dibujándose en el horizonte.
 

 

 

 

 



* NDT: en francés en el texto.

 

 

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* Scott Foundas es crítico y programador de cine. Es codirector de los programas de la Film Society of Lincoln Center y redacta periódicamente artículos para la revista Film Comment, así como para otras publicaciones.

 

 

El Festival de Cannes agradece a los autores su contribución desinteresada.


 

 

 

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